La admiración es una emoción social positiva que aparece cuando reconocemos en otro una cualidad que consideramos valiosa. A diferencia de la envidia, la admiración no pretende rebajar al admirado sino elevar al admirador. Es una emoción vertical que orienta el aprendizaje y facilita la transmisión cultural.
Los seres humanos no aprendemos sólo mediante la enseñanza explícita. Aprendemos observando a quienes admiramos. Por eso el prestigio constituye un mecanismo evolutivo tan importante: selecciona modelos dignos de imitación. La admiración es el afecto que pone en marcha ese proceso.
Sin admiración no existirían maestros, héroes, santos ni referentes intelectuales. Tampoco existiría la tradición cultural, pues cada generación tendría que comenzar desde cero.
Sin embargo, la admiración posee una sombra. Cuando el individuo percibe que jamás podrá alcanzar las cualidades del admirado, la admiración puede transformarse en envidia, resentimiento o deseo de destrucción del modelo. El héroe admirado se convierte entonces en rival.
La historia de la cultura puede entenderse como una tensión permanente entre admiración e imitación por un lado, y envidia y rivalidad por otro. Ambas fuerzas modelan las jerarquías humanas y explican buena parte de nuestras pasiones colectivas.

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